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El agua de los cazadores, imprescindible

Aún no ha roto el alba y Pepe, el guarda, prepara la cuba de 1.000 litros de agua para rellenar las decenas de bebederos y charcas distribuidas por el coto. Más tarde, recorre los distintos parajes, limpiando los bebederos cuando sea necesario y rellenando los depósitos vacíos o que pronto se vaciarán. Desde hace semanas, las olas de calor no han dado tregua y la fauna (tanto cinegética como no), visita con asiduidad estas fuentes de vida, por lo que en ocasiones hay que hacer varios viajes al día para que nadie esté sediento en el coto. Este año está siendo muy seco; desde abril el agua escasea y las pequeñas lluvias no han aliviado la situación.

Esta escena se repite en los miles de cotos de caza que existen en España (unos 26.000, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente), especialmente en aquellos que se encuentran en la “España seca”, donde la carestía hídrica es importante. Según la Fundación Artemisan, los estudios disponibles señalan que la mayor parte de cotos de caza disponen de bebederos y charcas, realizando inversiones que rondan entre los 2 y 4 euros por hectárea en función del aprovechamiento realizado. Pero, ¿cómo se explica que la fauna silvestre requiera de bebederos y charcas?

EN ESPAÑA EXISTEN 26.000 COTOS DE CAZA, SEGÚN LOS DATOS DEL MINISTERIO DE AGRICULTURA

Por una parte está la desaparición de pequeños cursos de agua como arroyos y regatos, así como pequeñas charcas que acumulan el agua de las precipitaciones, muy apreciadas por especies como los corzos, ciervos, jabalíes, aves y anfibios. Por otra, se encuentra el hecho de que según va avanzando la primavera y el verano, los vegetales se van secando, por lo que muchas especies no pueden aprovechar la humedad de los alimentos para obtener agua. Y ahí es donde comienza el problema.

La sequía y las olas de calor han sido una constante en la historia de España, conociéndose con detalle los períodos secos sufridos desde el siglo XIX, estando aún en la memoria de muchos la última gran sequía de los años 1990 a 1995, si bien durante las últimas décadas se han venido sufriendo sequías y ciclos de precipitaciones muy irregulares, asociadas al cambio climático. No extraña, por tanto, que la sequía sea una cuestión de Estado por las consecuencias, tanto para las personas como por los efectos en la biodiversidad de nuestro país. Las predicciones del Ministerio apuntan que muchas especies se verán seriamente afectadas por la falta de agua, especialmente aquellas más ligadas a los hábitats más húmedos.

En nuestro país, los esfuerzos se han ido redoblando para que la fauna no se muera de sed. Varios gobiernos autonómicos destinan fondos para que los cotos construyan bebederos y charcas, si bien son las federaciones autonómicas de cazadores las que dedican importantes recursos económicos para este fin. Un ejemplo es la Federación de la Comunidad Valenciana, que en el 2014 financió la construcción de 3.500 puntos de agua para fauna, balsas y diques, junto con el mantenimiento de más de 4.600. Pero también hay ejemplos en las Federaciones de Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha, que son parte de La España Seca. A esto tendríamos que sumarle las sociedades de cazadores y propietarios privados de terrenos cinegéticos, que desde hace décadas no esperan a recibir ayudas para abrevar a toda la fauna.

El caso de España no es único, dado que en otros países que sufren sequía la utilización de bebederos y charcas es pieza clave para la conservación de especies. El caso más importante es el de Estados Unidos, donde la Administración ha dedicado importantes cantidades de dinero desde los años 40 del siglo pasado, promoviendo la construcción de decenas de miles de bebederos.

Tanto en España como en otros países, la Ciencia ha demostrado los efectos positivos de bebederos y charcas para la fauna silvestre. Tener agua garantiza la supervivencia de las especies y, de no hallarse, su existencia podría verse comprometida. Pero tampoco hay que olvidar que si estos puntos de agua no son bien gestionados, pueden generar problemas, como la transmisión de enfermedades.

Gracias a los estudios realizados en la Universidad de León (en concreto la tesis doctoral de José Ángel Armenteros), se ha descrito el uso que hacen perdices, conejos y otras especies de los bebederos. Utilizando cámaras que se activan ante la presencia de los animales (fototrampeo), hoy sabemos que conejos y perdices suelen visitar los bebederos en los momentos más frescos del día. También especies no cinegéticas, como los pajarillos, visitan con frecuencia los bebederos y tampoco faltan depredadores generalistas como los zorros y los córvidos.

Para que los jabalíes no dañen los bebederos se suelen utilizar vallados. Aunque debería hacerse más investigación, hay un hecho probado: los esfuerzos que se dedican para la caza también pueden beneficiar a especies que no se cazan.

La labor que están realizando los distintos agentes del sector cinegético para aliviar las consecuencias de la falta de agua en el medio natural sigue siendo poco reconocida por la sociedad. Cabe preguntarse qué pasaría si gente como Pepe dejara de preparar su cuba con 1.000 litros de agua cuando el calor aprieta.

Informa Diariodesevilla.es

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